La cosmovisión de las aves en la literatura precolombina Maya

La cosmovisión de las aves en la literatura precolombina Maya II

En este segundo artículo sobre La cosmovisión de las aves en la literatura precolombina Maya, escrito por Fernando Guerrero Martínez, Etno-ornitología maya tojolabal: orígenes, cantos y presagios de las aves, amplío un poco más sobre el tema.

En esta exploración sobre la adivinación y la interpretación de presagios en la cultura tojolabal, se destaca la importancia de la comunicación entre seres humanos y no humanos, especialmente a través de las aves. La rica tradición de adivinación se basa en la interpretación de mensajes ocultos en fenómenos naturales, con énfasis en la figura del adivino como especialista capaz de descifrarlos. Entre las diversas técnicas adivinatorias mesoamericanas, el trabajo se centra en la acción directa, donde la sabiduría del adivino se convierte en un puente crucial entre el mundo visible e invisible.

En la relación, ahora entre el ser humano y las aves, la lengua tojol-ab’al revela la presencia de palabras afectivas o ideófonos, específicamente relacionadas con sonidos de aves que poseen connotaciones culturales significativas. El caso del Tecolote (Megascops cooperi) destaca como un ejemplo clave, donde su canto se interpreta como un presagio negativo, anunciando enfermedad o muerte en la familia. Este estudio pone de manifiesto la intrincada conexión entre el simbolismo sonoro, la interpretación cultural y las creencias adivinatorias en la cosmología tojolabal.

La lechuza, conocida como xoch’, se erige como un augurio ominoso en la cosmovisión tojolabal, asociada a la muerte o enfermedad al ser avistada o escuchada. Similar al tujkul, se le atribuye la capacidad de adivinar quién enfermará cuando vuela de noche, llevando consigo una carga negativa. El canto de otras aves, como el ti’, revela presagios funestos, anunciando desgracias a aquellos que lo escuchan. La experiencia sensorial se convierte en un elemento crucial, donde la angustia que provoca el canto del ti’ refuerza la autenticidad del presagio. Además, el relato del xujlem, el Jote Cabeza Colorada, destaca la conexión entre el mundo animal y la adivinación, revelando la creencia en su papel como “adivino” capaz de señalar la ubicación del ganado perdido. Estos ejemplos ilustran la riqueza de la mitología tojolabal y su arraigada relación con la interpretación de señales del mundo natural.

El artículo de Fernando Guerrero Martínez destaca la rica cosmovisión de los tojolabales, pertenecientes a la tradición mesoamericana, que conciben al mundo como un ente vivo y diverso, personificando diferentes identidades en la naturaleza. La base de esta conceptualización radica en las cosmologías relacionales amerindias, donde animales y plantas comparten una interioridad común, permitiendo diversas relaciones de persona a persona. Aunque sugiere el animismo como característica de estas sociedades, el texto argumenta que el analogismo es más representativo, enfatizando la influencia mutua entre las propiedades del mundo y el destino humano.

El concepto de “ecocosmología” se propone como una alternativa para describir la conectividad integral entre humanos y naturaleza, criticando la separación analítica de términos como animismo y totemismo. Se exploran posturas teóricas complementarias, como la agencia y el perspectivismo, para analizar las complejas relaciones humano-ambientales presentes en las comunidades mesoamericanas. El artículo subraya la necesidad de revisar y enriquecer las clasificaciones teóricas con datos etnográficos profundos, resaltando la complejidad relacional que caracteriza a estos pueblos después de siglos de colonialismo.

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